Fui al coliseo a prenderme fuego. Me dejé llevar por mi alma, por esta vez, y mi esqueleto me trajo hasta aquí, justamente porque aquí (Gracias a Dios!) uno no cree en lo que oye. Quería estar allí cuando el fuego creciera, cuando la noche tirara un salto mortal y ticks de la revolución, implacable rocanrol y mucho más de 80.000 sienes ardientes fueran efectivamente todo el tesoro. Un tesoro invaluable, un sentimiento que no puede medirse en dinero. En este mundo, esta empresa, este mundo de hoy, todavía quedan cosas que no se pueden comprar; aún quedan placeres sin dañar. Y los disfruto junto con mi enfermedad. Sí, es tan chiflado que puede ser, y fue. La noche de cristal se hizo añicos y todos fuimos de la nada a la gloria con su presencia. ¿Cómo no sentirme así? ¿Cómo explicar lo que fue vivir el pogo más grande del Universo? Esos retazos de sueños, esas migajas de rock maravilla son indescriptibles. Son la prueba fiel de que el futuro llegó hace rato y de que, aunque el ritmo es efímero, nadie va a poder borrar mis recuerdos, nadie será capaz de matarlo en mi alma. Porque es encantador que pueda sentirme así, tan encantandor como el infierno que, además, estuvo embriagador. Porque al final, todos lloramos con un ojo, y con el otro nos reímos. Porque él no juega a los dados y (Gracias a Dios!) tampoco cree en lo que oye.
¡Gracias Indio, por dejar este asunto para siempre en nuestras manos!
1 comentario:
Querida tina,
Debo informarle, que necesito URGENTEMENTE verla, porque tengo DEMASIADAS COSAS que contarle, y creo que usted tambien, con alguien relacionado a seres de otra tierra llamado Indio.
Te extrañé,te extrañó.
Te amo.
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