Cuando nos echamos a correr, hay mil maneras de seguir... Pero ninguna de volver.
Ahora entiendo todo claramente. Estuvo frente a mis narices todo este tiempo, pero no lograba darme cuenta ya que toda la sangre se me había ido al estómago, en el momento de la digestión (Era más que obvio, tu nunca dejarías cabos sueltos bastarda estratega). ¿Pensaste que podías engañarnos, no es cierto Paula? Pensaste que nuestra escasa rapidez mental no nos ayudaría, y entonces tu podrías jugarnos una mala pasada nuevamente. Pero esta vez te equivocaste, Elfo. Descubrimos tu plan y lo desbarataremos en cuanto eso sea posible (mientras esperamos que encuentres la horma de tu zapato) Nunca, ¿Escuchaste bien? NUNCA colaboraremos con tus maliciosas intenciones. No lograrás engordarnos como a Hansel y a Gretel, simplemente para usarnos como inmundo tentempié para tus adoradas gacelas. Recuerdalo. Tenlo presente siempre, cada segundo de tu descarriada vida. No nos interesan las malsanas ganas de bailar que provocan, ni su agilidad al saltar, cual grillo sobre un hongo, por las terrazas. Ahora deberás llorar. O conseguir otro grupo de indias alteradas por la lluvia y el twist, que te sirvan de carnada. Olvidate de volver a cocinarnos cookies o milanesas con distintas variedades de puré; ni se te ocurra intentar comprarnos con medialunas. Ni siquiera por todo el chocolate en rama barilochense del mundo. No cederemos un paso, en nuestra firme convicción de que el canibalismo es cosa del pasado (como ya lo he dicho) y que actualmente las gacelas deberían simplemente dedicarse a reafirmar su diferencia con los pobres y subordinados antílopes, cuyos cuernos crecen cada día más, y más y más allá. En donde los sentidos se agudizan y logramos ver gacelas trepando por las terrazas, mientras bailan al ritmo de Like a Virgin.
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