[...] Te quise porque hacía frío y te ví desprotegido. Y vos me viste más desprotegida, pero yo no pude hacer nada porque te quise. Aunque me costó, aunque no quise. Pero igual lo hice porque tomabas mate cocido, y porque la verdad y la tristeza se habían acomodado al lado mío. [...] Pero ahora sos como cien, y yo te quería cuando eras uno. Perdón si no supe quererte de otra forma, perdón por no querer quererte ahora. Pero yo sólo se quererte mío y en alpargatas, con frío y con mate cocido.