Cuando nos echamos a correr, hay mil maneras de seguir... Pero ninguna de volver.
Perversamente, las curvas elípticas no eran elípticas. Tampoco curvas.
¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón...